El Clan de las Tormentas

miércoles, 27 de febrero de 2008

No love, my love...

¿Sabes? el otro día te eché de menos. Te eché mucho de menos. Tu piel blanquecina, tus ojos tan azules como la electricidad bajo el mar, el aroma nº 212 de tu cuerpo tutto tremante bajo mis brazos. A veces pienso que si te hubiera abierto en canal sería menos desdichado que ahora. Hay demasiadas cosas que me recuerdan a ti. Lástima, ahora sólo eres un recuerdo que sobreviene un poco de vez en cuando. Eres como esos días en los que no sabes si lloverá o hará sol. Una lágrima escondida, un poema escrito sin ilusión, una especie en peligro de extinción que ya nadie conoce. Te habría amado como quiere el cuerpo a la sangre, como desean las aves la primavera, habría hecho contigo, lo que la primavera con los cerezos. En lugar de eso, nos marchitaremos y nos pudriremos. Seremos un eterno adiós, que nunca se acaba.

viernes, 25 de enero de 2008

Nothing important happened today (III)

A veces las cosas empiezan con un final. En mi caso casi siempre es así. Es como esas películas donde la primera escena es un accidente de tráfico, un atraco o la destrucción de la realidad del protagonista, cuando no del protagonista mismo. Ciertamente parece una constante. Una negativa es a veces el punto de partida para buscar algo más positivo. O simplemente la confirmación de que a veces no puede ser  lo contrario es imposible. Qué cosas. La ecuación ha sido balanceada. Fuera. Las sobras es mejor perderlas de vista, si no siempre acaban viniendo perros callejeros a husmear. Jugador expulsado del campo por méritos propios. Mejor así. Ah claro, luego está todo eso de los recuerdos y tal. Es igual. Es mejor darse así, de hostias con la realidad. Todo se olvida. Salvo que amanece y anochece. Así que igual que no mirar el sol no evita que amanezca, tampoco apartar la mirada de la luna nos quita la noche.´

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En el autobús hace calor, como siempre en invierno. La radio cuenta algo, lo que no le importa a nadie. Noche tras noche somos los mismos cuervos. Se habla de lo mismo. Saludo al estilo de mi barrio. Luego toca fútbol.

-Lo mejor que le puede pasar el Betis es que baja a segunda. -Pues no juega mal, ¿sabés tú compadre? el gol fue cosa, de vamos, un despiste de la defensa.

Luego tocan las anécdotas domésticas.

-Pues me han dado un pastor belga, ¿Tú sabes? -Eso es un bicho grande. -Enorme. No veas como come. -No menos que mi mujer, ¡joía!

Luego toca trabajo, el que tenga.

-Tanto trabajar te va a hacer falta coca, como al de la radio. -Se  ha quitado, dice -interviene el chófer.-Así estará.

 

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Marla era un bolso rojo de tela, no muy grande pero tampoco excesivamente pequeño. Hace juego con su tanga de encaje, ambos ligados a las líneas que los completan por las caderas que, como a Andrómeda, separan lo real de lo deseado. Siente un leve escalofrío bajo su jersey como la noche bajo el cual lleva otro más fino a juego con su tanga y su bolso, y en parte también con la selva casi rojiza sobre su cabeza, salvaje, que hace a su vez juego con el rubor de sus mejillas. La mochila también es roja, como mi deseo hacia ella, rojo, rojo, rojo por todas partes. Tiene cejas largas, delgadas, como una línea que separa el profundo abismo de sus ojos del color de su jersey. Todo en Marla es bícromo. Es rojo o es negro. Es sí o es no. No hay gradaciones. No hay medias tintas. Dice esto. Dice lo otro. Sin ambigüedades. Sus zapatos son rojos y agita su color haciendo círculos con la punta del pie en el aire. El interior de su bolso es negro, no como su sonrisa que es blanca y abierta. Usa vaqueros. Puede verse el tanga por encima de la línea del pantalón porque Marla, es otra Marla.

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Los tres tertulianos del autobús se miran y sonríen. Uno de ellos es camarero, profesión sevillana donde las haya. Lleva ojos medio abiertos, cansados. Un tipo negro vestido de sábado noche se acerca y le pregunta a uno de los contertulios

-Oiga, ¿era esta la parada que me dijo? -No miarma, ¿ves la siguiente? Pues esa ya no, te conviene bajarte e irte andando. -No, no, no -interviene una señora-mejor aquí y todo recto. -Que no, ¿qué dices? Mejor te bajas, te vuelves, todo recto, sales a los polígonos industriales esos, luego a la derecha y no tiene pérdida.

Se perdió.

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-¿Te acuerdas de cuando conociste a Marla?

Armando me pregunta detrás de sus gafas de sol, su ridícula perilla, sus pantalones vaqueros comprados en cualquier parte que no sea esta ciudad de mierda. Claro que me acuerdo, me fijé tres veces en ella. La primera vino a devolverme unos apuntes que me había pedido una amiga suya. Fue la primera vez que la conocí. Llevaba el pelo del color de un gato de mala suerte y largo, muy largo. Unas cuantas pecas y una ropa discreta. Armando deja el vaso de martini con seven-up encima de una mesa con algunos tatuajes de suciedad hecha por otros tantos vasos de otras tantas personas contando sus miserias. Huele a tabaco. Él no fuma. Yo sí, y eso le molesta. Gilipollas.

-¿Y la segunda vez? ¿aún recuerdas la segunda vez?

La segunda vez que conocí a Marla estaba lejos, no físicamente, de mí. Bonito traje verde de noche. Pelo como miel de azahar, morena, ojos medio abiertos. Sonreía, hablaba, bailaba, conmigo además. La segunda vez que la conocí no me besó. La besé yo a ella. Los historiadores sitúan en ese mismo momento el envenenamiento al que fui sometido. Era toda una fatalidad. Marla era mi tumor particular con nombre y apellidos.

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La cocina. Marla me ha cogido en la cocina, cenando. Es la tecera vez que la conozco. Hicimos chistes fáciles de esos de romper el hielo entre personas que no se conocen. Ella entró abriendo con fuerza la puerta, ojos como el Atlántico, piel y gestos como el Ártico. Ingenua, sorprendida, reía. Yo también. Marla esta vez se había disfrazado de otra cosa. Pero era Marla.

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Armando me pregunta por teléfono por qué no he ido a su casa según me dijo. Te den por culo. No sé qué decirle. Silencio.

-¿Te ha pasado algo?

No, nada importante sucedió hoy.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Aquellos días de París

Y estos días que se acaban. Aquellas calles perdidas por Saint-Germain, entrecruzando Saint-Michel con una noche blanca en la que te tuve tan cerca de mí que tu aliento me destrozaba como la primavera mata al invierno en el que me había convertido. Frío del que nunca he salido, calor que nunca he recibido. Aquellos márgenes del Sena, aquellas tardes oscuras y aquellas luces tan brillantes. Aquellos tus ojos que eran como un océano en el cual mi cuerpo metálico se sumergía y que poco a poco, lentamente, me iban oxidando, mi voz herrumbrosa, anclado a este suelo lejano, tan lejano como un adiós que llega sin oírlo, tan adiós que ni me conozco al decirlo. Aquellos espacios diáfanos entre tú y yo, aquella soledad bien merecida. No queda ya de nosotros, de los de antes, de los que estábamos de noche dormidos y de día tan despiertos. De estos días perdidos, como un desgarro en el tiempo. A pesar de estar corrompido con mis manos pesadas, oxidados los ojos, llorando herrumbre, desolado como el borde un abismo que no conoce el fondo del que forma parte. Se apagan las luces, todos nos vamos yendo, cada cual a su sitio, a su espacio sin retorno. No te volvería a ver en mi futuro ni recuerdo un pasado tan terrible. Se han marchado tus manos, no queda ni el compás de tus pasos. Aquellos días son ya pasado y yo todos mis futuros. Todo un año resumido en una vida que se apaga en un sólo segundo. Clac, clac, se apagó. Llegó la oscuridad. No temo ya a la noche, temo que no vuelva a amanecer. Temo que aquellos días de París no son ya más que un recuerdo, un montón de fotos olvidadas en alguna carpeta, algún cajón, tal vez borradas por error. ¿Quién es? ¿cómo se llamaba? vaga es la memoria, nada se desea más que lo no conseguido. Otros días. Siempre otros. Siempre son otros, y nunca yo. Aquellos días de París, y aquél sol de mi infancia...

domingo, 23 de diciembre de 2007

Más cicatrices

Tengo que superarlo, me digo, pero no lo consigo. Su recuerdo permanece inmanente dentro de mi mente, es como una sal enorme, fuerte, que hiere dentro de esta herida que no cicatriza, no, se mantiene infame, perenne, meditando dentro de mi alma, mi cabeza, mi corazón, todo yo es ella. Ayer soñé con ella. Joder, puto cerebro de los cojones, puta memoria declarativa, declarándome en estado de sitio, mierda, mierda, los recuerdos. Soñé que estaba dormido y alguien me tocaba, me movía, y abría los ojos. Era luz, era pura luz, todo era como brillante, blanco, debía ser primavera, o un suave verano de mar, y la veía, sus ojos atlánticos, ella, y me decía, "¿sabes? Esto no va bien, no va bien por que me duele", me decía mientras sonreía, "no va bien porque me duele quererte, me duele no verte" y entonces sobre mí me besaba, era un beso tan corto, tan cálido, su boca pequeña, como aquél maldito 13 de octubre, malditos los 13 y los 06, malditos los 10 y todo. Soñar, amar, tal vez morir. ¿qué es la vida? Un frenesí, ¿qué es la vida? Una ilusión, que es la vida sino sueño y los sueños, oh cosas lisonjeras y temporales, sueños son. Siempre odio enamorarme. Nunca la consigo. Es así. No quisiera para mí esta absurda maldición. Quisiera no pintar más bisontes en mi cueva. No puedo más. No quedan más esquinas en las que venderme, no quedan más sombras donde esconderme. Yo, que ahora solo soy pasado y fui tanto presente, jamás fui futuro. Otra vez, ¿cuántas más? Mi piel la echa de menos…, no, ni mi alma ni mi sangre, ella es para mí como un tumor interno que me va matando y cosechando dentro de mí un horror que se convierte en mí mismo, un yo en negro y blanco, un adiós que nunca se acaba y tal vez, un eterno olvido.

martes, 18 de diciembre de 2007

Nothing important happened today II (Cicatrices)

¿Qué coño es la felicidad? Todo el mundo tiene la boca llena de esta palabra, míralos, van como ciegos buscando algo que luego todos saben que se encuentra de golpe. Nos venden felicidad en tonos rojos y dorados, sueños de plástico recubiertos de chocolate con fundas de imitación terciopelo. 12 mgs de serotonina.

 

-Caballero, ¿por dónde se va a La Coruña? -Pues para arriba, todo recto, recto, te das contra el país este de los vascos y luego tira a la izquierda hasta que se acabe todo. Conversación de autobús entre dos productos de primera generación de mi barrio. El que pregunta tiene pelo escaso, entre gris y negro, lo que le da un aspecto sucio. Jersey a amplias franjas azules y grises que hace destacar su piel cetrina y su cuerpo enjuto. El que responde tiene bolsas en los ojos, piel muy blanca, cazadora de imitación cuero. Los dos pantalón vaquero con algunas manchas, mochilas raídas. Se ríen haciendo aspavientos y de manera ruidosa.

-¿Tú sabes que me han regalado un emepecuatro? ¿sabes tú?   -¿Y eso para qué lo quieres tú si no sabes manejar uno vas a saber cuatro? -Mira el gracioso. Pero tú no sabes lo mejor, que es que no sé cómo coño se enciende. -Dámelo. Mira, -eructa ruidosamente a mitad del autobús, nadie se sorprende ante tal sonido habitual. -Ea, ya está, ¿qué tienes aquí metido? -Pues no sabes tú que me viene ya con Triana, Estopa y esta gente, estos mexicanos maricones que de los cargan de tres en tres. -Tú sí que eres una maricona.

 

-Eres un grosero -me dijo Lucía- y un maleducado. Nos pasamos toda la vida -nos conocemos desde hace algo más de un lustro- intentando apoyarte y que te sientas bien y tú únicamente escupes sobre las ilusiones de los demás desde tu altar, desde tu podio, te dedicas a destrozar las ilusiones de los demás. Eres gilipollas. Me mira a través de sus ojos virtuales, estáticos, electrónicos del programa de mensajería instantánea del ordenador. Mis dedos reposan sobre el teclado negro. No tengo nada que decir. Pongo un chiste fácil. Malo, muy malo. -Así te va.    Sí, así me va.

 

Marla tiene algunos hoyuelos en la cara como cicatrices del acné de la adolescencia. El bar rebosa humo y ruido como en una caseta de Feria hace tres semanas. Sonríe, tiene los dientes un poco amarillos por el café y el tabaco a pesar de tener apenas un cuarto de siglo. Lleva la camiseta y los ojos del mismo azul. -Pues sí, al final hasta me caso, ¿te lo puedes creer?

No, preferiría no hacerlo.

-Mira que eres cínico.- Ni siquiera sabes qué significa eso. Se agita nerviosa, bebe su cerveza y su pelo le cae delante de los hombros.- Me caso, me caso, me caso... ¿te acuerdas cuando nos conocimos?

Cada día.

-Yo pensaba que jamás podría arreglarme otra vez con él. El muy cabrón me había dejado. Hijo de... y cuando volví a casa, ¿te puedes creer que seguía igual de perdido? Pobre. A Marla le brillan los ojos. Hacía tiempo que no la veía tan sinceramente feliz. Se le nota. Es sincera. Agita las manos, ríe nerviosamente. -Fíjate, ha pasado de no saber lo que quería a pedirme que me case.

Y con piso.

-Sí, menos mal que ahora parece que se a centrar más en nosotros y no tanto en su trabajo. Me caso, ¿te lo puedes creer?

Si tuviera un tumor, lo llamaría Marla.

 

 

-Vamos compadre, que se acaba el viaje. -Viaje te daba yo a ti. -Y de viaje, ¿qué viaje tiene tu mujer? -Míralo que listo, ¿y la tuya? -A mí no me hace falta.

Levanta los brazos, voz ronca de alcohol y tabaco. -El de enmedio de los Chunguitos... -De los Chichos -Unos "chichos" con chorizo me comía yo ahora.

Eructo. El autobús está caliente. Adquiere velocidad y se introduce en la travesía antes de llegar al barrio. -¿Tú sabes qué es un ángel vestido del Sevilla? Una compresa con alas.

Se ríen ampliamente. Uno llora. De risa. Risas y más risas perforando el cerebro. El que llora se levanta cuando se para el autobús. -bueno compradre, ahí te quedas.

Yo también me quedo. Eructo de despedida.

 

-Te crees que estás por encima de todos.

No, sólo unos 3 cms por encima tuya, salvo cuando llevas tacones. Yo no salgo en mis fotos. Casi nunca lo hago. -Te has vestido con ese traje y te dedicas a despreciar todo lo que hacemos los demás para ser felices. No eres diferente a nosotros, no te creas que eres tan especial ni para lo bueno ni para lo malo.

Dedos sobre el teclado. Qwerty. Emoticono. Otro más. No lo hago a propósito.

 

 

Marla llama al camarero y paga. Me invita. -Bueno, ¿nos vamos? -me dice mientras me levanto. Fuera está Madrid. Siempre Madrid. Ahora será nunca Madrid. -¿Nos veremos? -me pregunta tras sus gafas.

Estoy totalmente seguro que jamás nos volveremos a ver. -Claro que sí -le digo mintiendo otra vez. Entonces nos despedimos, cada uno hacia un lado de la calle. Me giro un momento para ver cómo se marcha. Felicidad sería que se girara y viniera hacia mí. Que se quedara en mí. Que se olvidara de todo lo que no soy mí. Pero mí sólo ve como Marla se aleja. Y mi tumor se reproduce. Se apagan las luces. Termina la función. Ganan las putas. Ganan los guerreros. Chamanes despellejados. Suena el móvil. Mensaje de Lucía, "¿qué ha pasado?". Nada, nada importante ha pasado hoy. 8 mgs de oxitocina.

viernes, 7 de diciembre de 2007

¿Un mordisquito?

"-Debo de estar muerto. Tiene que haber un momento hace años, varios años ya, mucho más de un lustro, en el cual, un día, a una hora determinada, la piché. Tac, tac, tac, ¿hay alguien? ya es jodido llamar al teléfono de la esperanza y que te salga un contestador. No, en serio, ya estoy muerto y para comprobarlo y demostrarlo voy a suicidarme. Si no tengo razón pues nada, no es que estuviera dormido vladimiro. Pero estoy seguro y creo que tuvo que ser al acabar noviembre más o menos. No de otro modo me explico que desde entonces todo me haya parecido una constante, una repetición infumable, como aquello del día de la marmota con Bill Murray ¿cómo era? ¡ah sí!, "Atrapado en el tiempo", ¿se acuerda? bueno, es un contestador, no responde nadie. Pues sí. En los años siguientes todo ha sido idéntico, una vez tras otra, las mismas caras, las mismas gentes, las mismas excusas. Al principio me gustaba tan serendinipia. Luego comenzó a aburrirme. Ahora me asusta. Mucho.

Era curioso, al principio, hilvanar las cosas de tal manera. Coincidían las fechas. Por ejemplo, si 24.11 era especial resulta que luego 13.10 también repitiendo los patrones de fondo, que no los de forma, que son parecidos a los del 02.03 y por supuesto a 13.06.04, momento en el cual se produce la repetición de 13.10. Los hechos son tan calcados que hasta da miedo, ¿ustedes no lo entienden? no importa, yo tampoco. Sólo le hablo a un contestador. Además de que mi primer error humano y el último son idénticos. Podría seguir citando más incoherentes semejanzas pero seguro que no llevarían a nada. Lo cierto es que el motivo inicial que me llevó a llamarles era el aburrimiento. La primera vez, la 24.11, me quedé muy mal ¿saben?, ciertamente; la segunda, la 13.06 también. Para qué engañarnos. Pero resulta que al coincidir en 13.10 ya uno se aburre. Sabe lo que viene después.

Así que es el aburrimiento lo que me lleva a llamarles. Ahora que me he anticipado a tantas cosas que tengo la sensación de estar viviendo en una espiral. Conforme avanzo parece que me alejo pero cuando llego al final, es otra vez el mismo punto. Resulta cansino. Conozcas a quien conozcas siempre son el mismo tipo de persona vulgar y el mismo tipo de persona especial, las mismas escenas con personas vulgares y personas especiales, las mismas risas con personas vulgares y especiales, los mismos hombros mojados. Una vez un llora-hombros me dijo que se iba a suicidar. Le dije que me parecía estupendo, con toda sinceridad, vaya plasta. Le dije que antes me diera su ordenador, su cámara y su tdt. Le hizo gracia, me invitó a una cerveza y me quedé sin su ordenador, su cámara y su tdt. Sigue vivo, me temo. En cambio mató mis ilusiones. Por eso creo que debo estar muerto. Esperad a que repase. Sí, es cierto, recuerdo que en 24.11 un coche estuvo a punto de atropellarme, pero no recuerdo que lo hiciera, no debe ser eso, no.

El 13.12 siguiente intenté suicidarme, pero no lo conseguí me parece, ¿o tal vez sí? Algunas veces he pensando que el Infierno debe ser estar repitiendo siempre los mismos errores. Puede ser, por qué no, una fisura cuántica y que las dimensiones se estén replegando. En cualquier caso, he de decir que éste es el yo más aburrido. Llevo atrapado en este bucle de errores y personas idénticas mucho tiempo. Soy un insecto atrapado en ámbar, soy el fantasma de una sombra. Sí, debo de estar muerto y todos vosotros no existís. Kho khaqïm megalom saraih. Voy a demostrar que todas estas coincidencias demuestran que estoy muerto. Después de todo, el amor es una herida que, o te desangra de golpe, o te mata tan lentamente que ni te das cuenta. Eficacia probada. El amor es como una bala, te atraviesa, te quema, ¿verdad Sémele? puto Zeus... Pobre. Es como la bala de la pistola que ahora apunta a mi cabeza, ¿es que no va a responder nadie al otro lado? en fin, adiós coincidencias...

-¿Oiga? ¿hay alguien? putos colgados..."

S. Argensola, Estas fueron las últimas palabras de mi otro yo.

 

domingo, 18 de noviembre de 2007

Nothing important happened today

La vida está llena de pequeñas cosas, de equlibrio puntuado, de gente que va y que viene.

Marta está mirando desde dentro de las sábanas. Tiene el pelo moreno, cortado como esas actrices de entre el final de la II Guerra Mundial y antes de la Nouvelle Vague. Es tremendamente delgada y sus pechos son apenas dos botones en un cuerpo escuálido. -¿Sabes? -recuerdo que me dijo- realmente nunca he tenido claro si me gustaban los hombres o las mujeres. Es algo extraño porque ambas relaciones me dan placer, aunque reconozco, pero no se lo digas a nadie, que me gustan más las penetraciones que las... tú sabes, lo que suele hacerse entre dos chicas. -No, la verdad, no lo sé. -Le respondí- porque por mucho que pueda imaginar o ver por ahí no lo  he visto en vivo. -Si quieres, -continuó- pagamos una puta y lo ves en persona. [Pues va a ser que no].

 

Carlos es profundamente sonámbulo. Realmente su vida "normal" no es que sea muy normal, o al menos no lo que nosotros entenderíamos por normal. Muchas de las cosas que le pasan son realmente preocupantes. Sin embargo, ha conseguido mucho más que la mayoría de personas que han nacido y se han críado en mi barrio partiendo de posiciones increíblemente nefastas. Es para estar orgulloso de él. Pero es sonámbulo. Un día de verano, mejor dicho, una noche de verano, llegó a salir de casa, coger el autobús y plantarse en Capitanía General del Ejército de Tierra a 17 kms de su casa. Menos mal que una ventolera de aire fresco le devolvió a la realidad. Aunque claro, despertarse delante de un par de cañones debe parecerse más al sueño de Neo que al de cualquier de nosotros.

 

Josemari tiene el cabello dispuesto como algunos de esos intelectuales del XIX, a lo Lord Byron o Bécquer. -De todas maneras, quizás, lo que más controla las mentes son los medios de comunicación. Todos acabamos siendo manipulados- dice a toda la clase. Luego suelta un chiste y tan tranquilos. Se mueve con soltura en el aula, hablando de usted pero con cercanía a la gente. -Yo tengo muchos alumnos, cien aquí y casi doscientos en el instituto. Trescientos, trescientas personas, cabezas pensantes que son energía pura y dura. Hace años comencé una experiencia que consistía en que un alumno le mandaba una carta al opositor y el opositor le respondía; y el alumno se comprometía a pensar y a darle, a mandarle energía positiva, así, pun, pun, pun, el día del examen-agacha la cabeza, sonríe.-Así que si quieren yo les hago de cartero real.-Luego reparte las cartas. Hay alumnos que tocan el piano, juegan al rugby, al fútbol, y les gusta expresarse con una soltura envidiable. Realmente hay algunos que llegan a decir que "un alumno es un folio en blanco en el que se puede dejar huella". Josemari vuelve a agitar la mano pidiendo silencio ante el alboroto general. Hay un aire acondicionado encima suya, una pizarra a su espalda, un montón de ventanas con unas cortinas de tela propias del Ikea que desentonan en n espacio tan áspero.

 

-He conocido algunas personas como tú-me dijo un día Marta mientras se acababa un helado de algo indeterminado en un sitio cochambroso de Madrid. Hay serrín en el suelo, algunas cucharillas de plástico supuestamente usadas y papelillos manifiestamente usados.-No entiendo qué quieres decir,-le respondí mirando para otro lado aunque lo sospechaba.-Lo que quiero decir es que os agotais pronto. Os gusta vivir deprisa y quemáis muchas cosas con demasiada intensidad- insiste. Fuera hace calor, es un puñetero 31 de julio, en Madrid. España cayó eliminada como siempre del mundial, esta vez ante Corea y aún tengo mierda en las uñas de la excavación. No me jodas con esto. -Sin embargo, tú eres algo diferente, ¿te acuerdas del Chapi? -me mira con los ojos abiertos bajo su peinado recto y corto.-Sí claro, como no-le respondo. Como no, sólo hace dos días que salimos de allí. -Pues él ya se nota que está quemado a pesar de que sólo tiene 27 años. Tú tienes ese camino, pero pareces diferente. -¿Por qué soy o parezco diferente?-un ecuatoriano que huele a sudor que te rilas pasa detrás mía barriendo. Las paredes son de tono rojizo y suena de fondo Shakira. -Tú tienes mejor cabeza. Verás, os pasa mucho a los que sois especialmente inteligentes... -Yo no soy inteligente -la interrumpo. -Ya claro, y yo soy Marlene Dietrich. Os pasa, -bebe agua, muy fría- porque veis las cosas desde otro punto de vista. Pero tú tienes mucha energía, autoestima, y parece que te conoces el camino pero lo andas con ganas y confianza. No imitas a nadie. No te destruyas... hazme un favor... -me dice mientras me coge la barbilla y me besa-...no te quemes. [Trop tard]

 

Lucía enciende un cigarro que se quema. Como ella. Como los dos. Hay más humo en la cafetería ambientanda en aquellos años en los que podías fumar en cualquier parte. Fuera la gente pasea en abrigo porque parece invierno. En la cafetería hay más gente que hace ruido.-Al final siempre ganan los cabrones -me dice con un deje de enfado.-Claro, -le digo- el mundo sólo está hecho para ellos porque ellos lo han hecho. -Pero yo, es que yo lo flipo, me he pasado luchando, estudiando, llevándolo todo por delante, con mi familia, con las cosas que me pasan, y ahora llega esa y lo consigue. Es para estar bien harta,-concluye mientras el resto del planeta pasa de sus palabras. El monitor de plasma del fondo pone a Paulina Rubio que canta y al camarero se le cae mi café sin haber salido de la barra. Gilipollas. Lucía se parece a la otra Lucía, salvo en que la una no conoce a la otra. Por desgracia. -Es injusto que nosotros, que tenemos años de formación acabemos trabajando de estas cosas, ¿sabes?, le ponía un petardo a mi jefe a ver si así alguien, joder, algún imbécil se entera de que valemos más que los borrokas estos que sólo saben poner aires acondicionados. [Es cierto].

 

-Tío, al final todas las tías son igual de putas; te dicen tal y cual, te mangonean, te sacan lo que pueden, ya me entiendes, y al final estás como un puto perro detrás de ellas para que te manden a la mierda.-Hace sol, hay cerveza de por medio y Carlos se suelta un poco. Normal, lo han puteado a base de bien. No hay mucha gente, el suelo tiene el habitual serrín de los bares sevillanos y no hay humo en el ambiente.-Al final hagas lo que hagas, al final todas putas. -Casi todas,-puntualizo- pero la culpa es tuya... nuestra, por no sabe elegir. -¡Nah!, yo lo ñunico que quiero... no quiero ver una tía en... ¡nah!, para lo que único que están es para lo que están. -¿Para parir y planchar? -echo leña al fuego- y para tener la cueva decente claro. Si es así, ¿por qué no te casas con tu madre? -Porque ella no se habría venido conmigo a una ciudad tan cara, a un hotel tan caro y habría esperado a que nos bajáramos del avión para darme matarile.

 

-Todos estáis cortado por el mismo patrón, es que... joder, todos, todos los tíos sois iguales -[sería difícil atribuir esta frase a una sola mujer, la he escuchado en boca y persona de al menos cinco o seis en el último año]- nada más servís para joder y punto. De hecho -apura su cerveza, casi sin gas, en un fast-food de mala muerte donde no hay nadie más- en el fondo ni nos hacéis falta. -Claro, ahora podéis buscaros al niño in vitro ¿no? Pero, -trato de argumentar mientras trago la mierda de comida mermada por los pedazos que han caído sobre la mesa color mostaza- si no hubiera hombres, ¿de dónde sacas el esperma? -Somos mujeres, -responde- seguro que somos tan inteligentes como para fabricarlo.-Sonrío, sin ganas, no me hace gracia. -Siempre hacéis lo mismo. Estás ahí, dándolo todo, implicándote, cumpliendo y de la noche a la mañana, ¡zas! llegáis un día y "no, no, es que véras, no puedo darte eso", si ni siquiera sabéis lo que queremos.

 

-Me gustaría haber sido Marlene Dietrich- me dice Marta. Atardece, casi es de noche. -Sí, ella es uno de mis iconos. Podría ser como ella, ¿y tú? -me lo dice, me lo pienso. -No sé... tal vez... déjalo. -No, no, dime. -Tal vez... David Duchovny -y Marta se ríe aparatosamente- ¿qué? ¿qué pasa? -¿David Duchovny? ¿el agente Mulder? -me dice entre risas- ¡parece un paleto gilipollas!- se levanta de la cama y va al servicio a buscar su ropa interior perdida por alguna parte. Pongo el televisor para ver las noticias o algo que distraiga. Un señor de chaqueta habla en un atril, intercalan imágenes de gente llorando y hay un montón de escombros detrás. No me entero bien. No sé qué dicen de dos torres. Parece Manhattan. Debe ser bonito Nueva York. Marta grita desde el servicio -¿Ha pasado algo? -No, -le digo cambiando de canal -nada importante sucedió hoy.

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