El Clan de las Tormentas

miércoles, 3 de abril de 2013

No end…

Aquellos días de marzo con la primavera sentada en tu regazo

en noches tan oscuras como los días que esconden tus manos

aquellas páginas llenas de desiertos que tus labios llenaban

mientras tus ojos acariciaban aquello que pudiera alejarnos.

 

Y ahora que tan poco queda para morir en el bucle de tu olvido

¿dónde dibujamos la línea si no es donde yo la puse?

¿qué querrás mañana de mí cuando todos se hayan ido?

tal vez que te dedique la primera canción que compuse.

 

He visto en la palma de tu mano una maravilla infinita

y he visto morir en tus ojos mi hambre incansable,

ven, alimenta a la lluvia con mis lágrimas caídas

porque estoy sediento de un amor infatigable.

 

Me gustaría estar a tu lado cuando todos vengan a despedirse

a decirte que no me marcharé aunque el mundo se haya acabado.

Me gustaría saber cuál es el mar en el que por ti hay que morirse

siendo tú el único dios que siempre he necesitado.

 

Y ahora que tan poco queda para vivir en el bucle de tu recuerdo

¿dónde dibujamos la línea si no es donde yo la puse?

¿qué querrás mañana de mí cuando todo parezca un sueño?

tal vez que te dedique la primera canción que compuse.

 

 

Estoy aguantando y esperando a que me encuentres

para que mi corazón no se rompa por el mar

para reventar el sol si necesitas calor para siempre

para evitar que nunca más haya que sangrar.

 

Y ahora que tan poco queda para irnos en silencio

¿dónde dibujamos la línea si no es donde yo la puse?

¿qué querrás mañana de mí cuando el sol se haya puesto?

tal vez que te dedique la primera canción que compuse.

…no beginning.

Ya no hay batallas hacia las que caminar

derrotado antes de despertar de todo sueño

porque fui pretendiendo vencer con mi espada sin filo

(quede ya el susurro de mi dolor en tu pecho)

 

y que sea el atardecer en tus ojos quien ponga paz y duelo,

ahora que ha vencido el miedo, y se desplaza la luz sobre el silencio

ahora que ha caído nieve sobre hogueras que ni siquiera han ardido

(queda mi invierno, tan largo como cortas tus primaveras)

 

sea la soledad la norma, se vuelvan del revés todas las sombras

que no importe nada de eso ahora que he perdido el juego

cuyas reglas nunca entendí ni entiendo ahora besando el suelo

(porque son tan largos mis inviernos como cortas tus primaveras)

 

 

porque si no hay ningún fin no puede haber ningún principio,

huyendo hacia algún lugar donde no amanezca

para despertamos, y no tener que ver el sol al que renunciamos

(porque son tan largos mis inviernos como cortas tus primaveras)

 

con los ojos clavados frente a frente, sin decirnos nada

rendido al final en la frontera

sábado, 30 de marzo de 2013

Y morir en tus ojos

Te abrazaría, te abrazaría hasta el infinito

lo haría hasta que se acabase el mundo

y entonces no quedara necesidad de palabras

tan sólo decir que quiero morir en tus ojos

quedar abrazado por tus labios bajo tu cuerpo

decir que entre tanto ruido sólo tu voz escucho;

ni siquiera la música que hacen las cañerías

en esta casa solitaria; vacía como se encuentra

sin ti mi propia alma]

porque quiero que tengas mi ceguera

para que veas el mundo con mis ojos

y así encontrarte en la luz que deja tu presencia

en cada paso,

y morir en tus ojos antes que me quisieras

sentir que no te vas, pensar que no te alejas

cada despedida que dejas,

cada sombra en que se convierten

tus dedos alejados, como clavos que ardiendo

ojalá este corazón prendieran;

y morir en tus ojos, vivir en tus brazos,

tener bajo el cielo la plenitud de tus hogueras.

Porque tan sólo hubiera querido haber sabido

encontrar hacia tu alma el camino,

haber podido morir en tus ojos,

haber sabido navegar contigo usando tus velas.

sábado, 16 de marzo de 2013

La derrota perpetua

Entre tus ojos la muerte tiene tantos días

como caminos hacia la agradable tragedia de aquellos lugares

en los que vamos a olvidar que algo somos

tan solo que hemos querido tener

al ahogarnos en los ojos tuyos en los que llovías

para ocultar  la esperanza de lo que podíamos ser

y de aquello que nada fue, sólo cabalgamos a lomos

de un jinete que saca a nuestros miedos de sus hogares

y los entierra, los deja dentro, muy dentro, tratando siempre

de ocultarlos; tus miedos, mis complejos

los enemigos de todo aquello que no es más que sueño

(susurro y silencio, y grito y destierro

de ti como un imposible dañado)

porque para ser humano todo el daño que ha sido un hecho

se sufre en cada desgarro; te tengo y te has ido,

te tienes a ti, y a nadie más, y siembras sombras

como quien recoge tempestades;

a pesar de que sólo quise la paz en esta inmensa guerra

que libro desde antes de que nacieras,

y, sin embargo, azules como tus ojos fueron el olvido

como los de Helena, también en su guerra,

azules como el infinito, como el solsticio de tu cuerpo en primavera

como la derrota perpetua

(tan, tan silenciosa que hiere más que aquellas

que propagan con ruido su perpetuidad)

Se acabaron la paz y las tardes de luz tenue,

se marchitaron las posibles madreselvas

(he visto morir todas las oscuras golondrinas, incluso)

y tan sólo quedo como el pintor que olvidó los colores

para retratar todas las luces del mundo

(ya no soy más que un justo recluso,

varado en la cárcel perpetua)

En tus manos la llave de una prisión oxidada,

y te alejas dejando tan sediento al prisionero

que voluntariamente dejó su alma entregada

a las cenizas de un amor postrero.

domingo, 30 de diciembre de 2012

El fin del mundo

Siempre te creíste como una princesa en China

tardaste nunca en reconocer que frente al espejo

tan sólo eres, en efecto, una simple mujer, y pública;

vulgares los caminos que llevan a tu boca

de la que no pronto encontré su doble fondo

uno guardado para el amor misófago

el otro para todas tus mentiras

lastre terrible el de tus promesas rotas bajo el velo de cinismo

que ponías ante tus ojos cada vez que mirabas tu reflejo

porque veladas eran también tus palabras

llenas siempre de todo aquello que compone lo mismo

que dices a cualquiera, ya sea esclavo, ya sea sierva,

porque a todos tratas como inferiores, tú, que aspirabas a reina.

Y, sin embargo, mírate, falsa princesa, engalanada de crueldad

para la que usas esos cuchillos rojos que guardas como labios

usados para cortar la raíz de todas tus promesas. No son ya,

más que flores rotas, papel oxidado de tu piel

simple muñeca de trapo con demasiados kilómetros

para tan poca carretera;

limpias las espadas  en la profundidad de tus cavernas

y ni aún así sabes que por muchos que sean los soldados

ninguno acabará luchando por tu guerra.

Tanta lástima das, antigua plebeya, que tus ojos ya no susurran

ahora tan sólo inspiran un futuro a gritos

escrito con la sangre de los cadáveres que dejas

y si por si no fuera poco toda tu vida convertida en mitos

todavía ahuecas tu rocoso corazón, artificial y huérfano de vida,

para albergar dentro de ti la verdad que ves y alejas

esconderla y torturarla, esperando que se convierta

en lo que esperas sentir, lo efímero, lo que se va,

lo que te dejará como a todas las princesas

herida de muerte en una revolución,

la rebelión que te dejará algún día tiritando,

muerta de miedo, reina de cualquier acera.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Per aspera

Tuerzo las esquinas para hacerle fácil a mi piel

deshacerse de sus ganas de tener heridas,

después de todo, me digo, no son más que cicatrices

de naufragios y de derivas

de perros, y perras, que corren

detrás de las luces de cualquier coche

aventurándose en mitad de la noche

sin pensar que las palabras que ya no dices

las ignora tu cuerpo, no tu alma, y ahí van quedando

y, a pesar de ello, olvidas, la hiel

que puede cubrir las miserias que ocultamos

detrás de velos y cortinas de risas y ausencias

de copas que recogen la sangre que nos derramaron

lo que explica tanto silencio en el amanecer de tus ojos

tanto abrazo crepuscular en la separación de los cuerpos

tantos dientes lloviendo en los susurros

de risas ahuecadas, de prisas por llegar cada día

del comienzo al final

(olvido, olvido, qué hiciste de mí)

en estos días en los que toda mentira es aceptada

en los que vas percibiendo que es mejor llegar solo

al final de la escapada.

El viento gira en el suelo,

sólo hay un montón de hojas espontáneas

plagadas de humedad, moho negro,

inconsistencia del alma;

se van. Todo se va. Ya no importa nada.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Demasiadas batallas perdidas

No es la guerra la que cambia, sino tú mismo

veterano en tantas batallas que ya no recuerdas

que ni tu cuerpo ni tu alma aguantan

las laceraciones que dejan cada una de las traiciones

que vas acumulando

¿cuándo llega el tiempo de que se retiren

los soldados que tanto han luchado?

¿cuándo es hora de partir de todos los muelles

en los que acumulas tantos barcos naufragados?

Cruel insomne mensajero el que te trajo

las palabras que contigo han acabado

aquellas que de las que siempre rehuiste

y que, al final, la razón te han dado;

no quisiste nunca saberlo,

ni darte cuenta que el tiempo no estaba

dispuesto a dar tregua ni a estar de vuestro lado

y aún así luchaste por lo que creíste

eh aquí la razón de tu derrota, iluso soldado,

porque creíste que sólo era una batalla más,

sólo una, un campo de exterminio para el dolor

y una angustia permanente que podría acabar,

y no fue eso, no, fue que perdiste en la única

guerra a la que fuiste, la única que quisiste ganar.

jueves, 18 de octubre de 2012

Flores de papel

Me alejaste de los instantes de la quimera

pensando que, acaso, nos hacías un favor

y no te das cuenta que ni para eso fuiste la primera

que huía al encontrarse con la memoria del dolor;

y aunque cada instante sin ti es un agujero sin abismo

de comer cristales mis labios se hartaron

por lo que ahora, que en otros brazos te entregas

demuestras que aquello que en ti era distinto

no es más que lo mismo,

que todos tus argumentos eran excusas para el olvido.

Y me enveneno con las palabras que te voy dando

porque no se puede estar más muerto

que al que han herido arrancándole el corazón con las manos

para entregárselo a los perros de la humillación

sintiendo más lástima por la ruina hacia la que caminas

que por el esplendor que dejas; y aún sabiendo

que tu alma nunca rectifica

que morirás de orgullo antes que ver que tu alma

se petrifica]

no es la soledad de las heridas que vas abriendo

ni la destrucción de toda vida a la que amas,

es la sombra en la que te conviertes,

un simple mar en calma,

tú que fuiste tempestad contra altas torres

y ahora te contentas con la vulgaridad que encarnas;

tú que mereciste ser de cualquiera la mejor canción,

ahora sólo tienes flores de papel,

las que merece tu corazón de cartón.

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